A la salida de los túneles y dejando a la derecha el Auditorio Alfredo Kraus, este recorrido comienza por la línea de costa hasta el desvío que conduce a la Ciudad de Arucas, cabecera del Norte de Gran Canaria. Arucas es una hermosa ciudad de sabor decimonónico en su casco tradicional donde proliferan las fachadas de piedra labrada. El municipio posee yacimientos de cantería azul y cuenta con una tradición artesanal de maestros canteros que tiene su máximo exponente en la Iglesia Parroquial de San Juan Bautista, iniciada en 1909. Se trata de un templo de estilo neogótico catalán con altas torres y pináculos preciosamente labrados a treinta metros de altura. El templo resume la laboriosidad y la espiritualidad de los aruquenses que reflejaron en la obra el auge económico del municipio desde el último cuarto del siglo XIX hasta la época dorada del cultivo platanero que aún se mantiene en toda la zona.
En el núcleo central de la ciudad, profusamente embellecido con flores y abundante piedra labrada, encontramos entre otros edificios históricos la Casa del Mayorazgo que alberga el Museo Municipal.
Arucas cuenta también con el Jardín de Las Hespérides donde se encuentra un palacete decimonónico de estilo neoclásico francés. Este jardín, con un centenar de palmeras australianas, un pequeño lago lleno de nenúfares, dragos seculares, una seta gigante y una palmera real de treinta metros de altura, supone un gran espacio de ocio para el disfrute de los ciudadanos.
Desde el Mirador de la Montaña de Arucas donde está abierto un restaurante, se contemplan espléndidas panorámicas de los cuatro puntos cardinales de la Isla, destacando la vega, de la que ha ido desapareciendo el verde de las plataneras y donde resalta la alta chimenea y el Edificio de la Destilería de Ron Arehucas y el de la Heredad de Regantes.
A pocos kilómetros se encuentra la pintoresca Villa de Firgas conocida, sobre todo, por sus famosas aguas de mesa mineromedicinales, cuyo naciente se encuentra en el Barranco de Las Madres. Su casco histórico merece un paseo, siendo recomendable visitar La Iglesia Parroquial de San Roque, construida sobre las ruinas de lo que fue la primera Ermita de San Juan Ortega, que data del año 1502.
Firgas es conocida popularmente por la realización de preciosas piezas de artesanía de maderas tales como yugos, arados, arcones y balcones.
Cerca de Firgas nos encontramos con la Villa de Moya, instalada en lo alto entre profundos barrancos. En Moya se encuentra el Bosque de Los Tiles, reducto de Laurisilva que en tiempos de la Conquista cubría el ancho barranco que separa Moya de Firgas y alcanzaba los municipios de Valleseco y Teror. Frente a la Iglesia Parroquial de Moya, desde la que se contempla el impresionante barranco de taludes y paredes escarpadas, se encuentra el museo dedicado al Poeta Tomás Morales. Quien visita Moya no puede pasar de largo sin comprar sus bizcochos lustrados que son unas de las golosinas predilectas del isleño.
Más al interior de la isla pero a escasos kilómetros de Moya, se encuentra Valleseco que, a pesar de su nombre un tanto irónico, arroja los mayores valores pluviométricos anuales de la isla. En este municipio se encuentra la Laguna de Valleseco, charca estacional de agua dulce que ha sido objeto, recientemente, de una importante restauración medioambiental. Durante los inviernos es visitada por aves migratorias como la garceta común. En las proximidades de la charca hay un bosque de castaños y un área recreativa.
Desde Valleseco merece la pena desviar la ruta unos kilómetros para contemplar los magníficos y centenarios ejemplares de pino canario que se encuentran en la zona conocida como los Pinos de Gáldar. Estos bellos ejemplares crecen en la vertiente occidental de un edificio volcánico de edad reciente, conocido como la "Caldera de los Pinos de Gáldar", volcán con un espectacular cráter en forma de cono invertido. Y de aquí a Teror para cerrar este itinerario.
En la Villa de Teror se centra el fervor religioso de la isla hacia la Virgen del Pino, patrona de Gran Canaria. La Basílica fue construida en el siglo XVII, aunque conserva una torre de planta octogonal de la época inmediata a la Conquista en el estilo gótico de finales del siglo XV. En ella, se venera la Imagen de la Virgen que es una talla del siglo XV perteneciente a la Escuela Sevillana.
La villa, estratégicamente situada en un valle entre montañas, conecta el Norte y Centro de la isla. Destaca la bella arquitectura canaria de sus casas con balconadas artesanales de madera de tea labrada que flanquean las calles empedradas. Todos los domingos, Teror acoge a centenares de visitantes en su popular mercadillo, donde pueden adquirirse sus famosos chorizos y morcillas y los dulces artesanales elaborados por las monjas del Monasterio Císter.
Las fiestas patronales de la isla se celebran el día 8 de septiembre, Festividad de Nuestra Señora del Pino, ocasión en la que miles de romeros llegados de todos los municipios de la isla ofrecen los mejores productos de la tierra a la Virgen en una multitudinaria romería. En este día festivo, en Teror pueden contemplarse todas las indumentarias tradicionales del archipiélago.