Este oficio fue practicado exclusivamente por mujeres del contexto rural, donde la transmisión de los conocimientos se producían por vía materna, es decir las madre y / o abuelas enseñaban a la generación siguiente. La dedicación a esta actividad es parcial y regular, se practica durante toda la vida, pero durante el tiempo que quedaba libre entre el resto de actividades. Estamos hablando de un oficio individual en el que era frecuente que varias mujeres se reunieran para hilar.
Es una actividad intrínsecamente asociada a la actividad económica del pastoreo dado el suministro directo de la lana de oveja, y de hecho, muchas de las hilanderas pertenecen a familias de pastores.
En las Islas Canarias, el número de hilanderas en activo es muy escaso. Sus edades están entre los 66 y los 84 años.
La producción se orienta hacia la producción de prendas de vestir y bolsos de clgar o arforjas. Usándose las madejas hiladas a mano para tejer piezas de los diferentes trajes tradicionales.
A partir de los años ochenta del siglo XX se comienza a formentar las ferias de artesanía, donde el público accede directamente al producto.