La evolución de este oficio es una de las más interesantes en el Archipiélago. Estos trabajadores llegaron en los primeros momentos de la Conquista y colonización, porque su labor era esencial tanto para el mantenimiento de las naves, como para el abastecimiento de los ejércitos arribados. De esta forma, el oficio de herrero era uno de los de mayor prestigio, y uno de los primeros en llegar a Canarias.
Una vez establecida en las Islas, la herrería se especializó en ámbitos bien diferenciados:
* Construcción de herrajes y elementos arquitectónicos. Así como todas los componentes que formaban parte de carros y otros modos de transporte.
* En el contexto rural, la producción de aperos de labranza y elementos asociados al herraje y cuidado de los animales.
* Herreros de fondo de barranco, especializados en la construcción y mantenimiento de la maquinaria asociada a la extracción de agua de los pozos.
* Especialistas en las reparaciones de embarcaciones y mantenimiento de los tinglados, convirtiéndose en esenciales para el desarrollo de las actividades portuarias.
Este oficio ha cubierto muchas necesidades de la sociedad canaria, de forma que en cada pueblo existía al menos, una herrería, que se transmitía de generación en generación por vía patrilíneal.
Los herreros han introducido algunos adelantos técnicos en sus talleres, como los nuevos sistemas de soldaduras: la autógena y la eléctrica con las que se manipula el hierro sin necesidad que esté candente.